¿Día Internacional de la Mujer?
Estreno el blog y me hace mucha ilusión.
En realidad este artículo es una transcripción del episodio que publiqué el pasado 8 de marzo y que puedes escuchar aquí.
Me encantaría que me acompañes hasta el final. Tanto si eres mujer como si eres hombre. Tanto si el 8M va contigo como si no.
Porque en este artículo te propongo un reto que sólo puedes hacer tú.
He hablado con muchas mujeres sobre el 8M y me encuentro con que para la mayoría, el 8M no las representa. Ni el 8M, ni el 2N, NI EL 27E, ni en general con cómo se está llevando toda esta corriente por conseguir igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres.
Y la razón casi siempre es la misma: muchas mujeres, entre las que me incluyo, piensan que no se está captando la verdadera esencia de la mujer. No sólo no la está captando sino que la está intentando anular. No está siendo algo constructivo sino que cada vez más, hombres y mujeres nos estamos separando.
Hombres y mujeres: iguales y diferentes
Hombres y mujeres somos iguales en dignidad, en humanidad, en derechos, en deberes, en objetivos, pero no en el modo de alcanzarlos ni en la forma de ver la vida. Además de que creo que en nuestros parámetros, tiene que entrar la maternidad, tanto si vas a ser madre como si no lo vas a ser. La maternidad no es sólo biológica. El apego, el cuidado de los detalles, la empatía, la acogida, la escucha, el servicio al otro, la ternura, el cariño no son estereotipos. Son tendencias evolutivas. Son rasgos, en general, típicos de nuestra identidad femenina.
Creo que la igualdad ha dejado de entenderse como un camino hacia la confluencia de oportunidades y se ha transformado en una negación de la identidad.
Hemos tenido que crearnos una identidad falsa, hemos tenido que desdibujarnos, para sumergirnos en un mundo masculinizado. Nos encontramos en un igualitarismo que ha neutralizado los sexos y nos está llevando a rechazar nuestra naturaleza. No sólo la naturaleza de la mujer sino también la de los hombres.
La lucha feminista en los medios está siendo una lucha únicamente por conseguir el ejercicio de la expresión personal y la libertad sexual.
Sin embargo, nunca ha habido tanta liberación sexual y nunca hemos estado tan vacíos, con tanta frustración, insatisfacción e inquietud y tan separados hombres y mujeres.
La emancipación sexual de la mujer, está consistiendo en desvincular el sexo de la afectividad, del compromiso, de la reproducción y dejarlo al mismo nivel que otros placeres efímeros.
La mujer del siglo XXI está sometida a esclavitudes más grandes que siglos pasados a través de la anticoncepción, el aborto, los vientres de alquier, la prostitución o la pornografía.
Por un lado, denunciamos la sexualización femenina, pero cuando es auto impuesta la llamamos “empoderamiento”. Pero no deberíamos permitir que el sexo, nuestros cuerpos, nuestros hijos y las personas sean tratados como un producto de consumo.
En ningún momento la mujer ha sido tan poderosa como lo es actualmente. Incluso se está apropiando de la vida. Por medio de la anticoncepción, nosotras mismas nos estamos desconectando de nuestra propia naturaleza. Y ni siquiera nos damos la oportunidad de conocer la maravilla de nuestros ritmos naturales, nuestro fascinante mundo hormonal y el increíble funcionamiento de nuestro cerebro.
Sí. Hemos conseguido mujeres más independientes pero ¿estamos consiguiendo mujeres más libres y sobre todo más plenas y felices?
Y es que la libertad sin límites es una forma inédita de esclavitud de las apetencias y los deseos.
La mujer ya no pide igualdad porque ahora mismo a nivel social está por encima. Ahora lo que pide es justicia por tantos siglos de opresión olvidando todo lo bueno que han hecho los hombres para que las mujeres podamos estar en el ámbito público.
Recuperar la naturaleza masculina
Parece que el hombre sea el culpable de todos los males.
Hoy en día se habla de una masculinidad tóxica, y se ve la masculinidad como algo absolutamente negativo. Pero eso es un error. Hay un miedo a ser hombre y a exteriorizar los atributos propios de la masculinidad. Por ejemplo, la agresividad. Se le tiene mucha tirria a esta palabra pero agresividad, viene del latín y significa ir en dirección a algo, avanzar, superar obstáculos. Tenemos que recuperar también la naturaleza masculina.
Además, las leyes están teniendo la horrible pretensión de rediseñar a los varones. Como la ley de permiso de paternidad en la que la palabra “padre” no aparece ni una sola vez. O la ley del aborto en la que el padre no tiene absolutamente ni voz ni voto, la ley de las familias que dice que se puede prescindir del padre para formar una familia, o la ley de sí es sí en la que se considera a todos los hombres como potenciales maltratadores.
Apostar por un feminismo radical
Tú y yo podemos coger el timón y reconducir el rumbo hacia un nuevo horizonte. En el que todos, hombres y mujeres, juntos y de la mano, podamos ser más libres pero sobre todo más felices.
No creo que la solución pase por ir donde guía el camino. Si no por ir donde no hay camino y dejar huella.
Porque como dijo Sócrates: el secreto del cambio es enfocar toda tu energía no en la lucha contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo.
Te invito a apostar por un feminismo radical. Pero no porque sea partidario de reformas extremas, violentas e intransigentes. Sino porque sea un feminismo que trate el problema desde la raíz como algo fundamental y esencial.
Aunque más que feminismo, prefiero hablar de un reto por defender al 300% la feminidad y la masculinidad.
Y para ello, hombres, os necesitamos. Nos equilibramos mutuamente. Y tenemos mucho que aprender el uno del otro.
No podemos renunciar a nuestra feminidad para conquistar entornos. Mejor transformar esos entornos para que puedan ser enriquecidos por nuestra feminidad.
Isabel Sánchez
Y para ello tenemos el apasionante reto de equilibrar las 2 áreas de nuestra feminidad. Que son, como defiende Mariolina Ceriotti en su libro ‘Erótica y Materna‘, la parte erótica y la parte materna.
La parte erótica incluye el deseo, la autonomía, el respeto a sí misma y la capacidad de gustar y gustarse, el placer de cuidarse, saber protegerse y reservar espacios para el propio equilibrio.
La parte maternal incluye la capacidad de cuidar de los demás, la sensibilidad y la creatividad para dar afecto.
La dos dimensiones, erótica y materna, son necesarias y ninguna de ellas por sí sola basta para dar plenitud a la mujer.
Como mujeres tenemos que descubrir ese regalo que es ser mujer, y cómo poderlo aprovechar para construir una mejor sociedad, vivir para ser más plenas y poder compartir esa plenitud con otros.
Y todo ello pasa primero por conocerse. Porque el que no se conoce a sí mismo, le pertenece al mundo y acaba siendo lo que el mundo quiere que sea. Es vital poder responder a la pregunta de ¿Quién soy? y para ello quizá te ayude preguntarte ¿A quién amo?
Y después de conocerse, más que empoderarse, hay que auto – liderarse.
Tener tal posesión de una misa que mis decisiones y mis acciones no dependan de lo que yo reciba o no. Si no del nivel de humanidad e integridad que quiero para mí, para mi familia, para mis amigos, para mis contemporáneos y al legado que quiero dejar en el mundo.
Sólo así podremos llegar a ser, como dice Isabel Sánchez en su libro, ‘Mujeres brújula‘, mujeres que llegan a ser punto de referencia para los demás, señalan el norte, marcan el camino, y acompañan hasta la meta.
Porque la mujer tiene en sus manos la capacidad de transformar la faz de la tierra. Con cada nueva criatura, el mundo cambia para siempre.
Por eso, no somos presas de nuestra especie; somos las madres de la especie.
Tú y yo podemos cambiar esto
O conformamos una sociedad del descarte o una sociedad del cuidado. Y la ética del cuidado, la paternidad y la maternidad no son problemas de la mujer. Son problemas de todos. Y quizás la primera lucha sea conseguir ese convencimiento.
No nos hagamos los muertos en la corriente de la vida. Porque la vida es tiempo de encuentro y de amor. Y el amor tiene una fuerza centrífuga. Tenemos que canalizar todo hacia el amor. Todo es todo. Nuestros impulsos, nuestros deseos, nuestras aspiraciones, incluso el sexo o el trabajo.
Está en tus manos ser catalizador de un mundo mejor porque como dijo Alejandro Magno, de la conducta de cada uno, depende el destino de todos.
La gran renovación del mundo consisitría, quizá, en que el hombre y la mujer, liberados de todos los sentimientos erróneos y de todas las desganas, no se buscarán como opuestos sino como hermanos y vecinos. Y se realizarán juntos como personas.
Rilke en 'Cartas a un joven poeta'